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Monday, June 16, 2014

EL AMARGO TRIUNFO DE SANTOS

El Domingo 15 de Junio a las 5 de la tarde la registraduría de Colombia estableció que el Presidente Santos ganó la reelección a la Presidencia de Colombia por otros 4 años por un poco más del 50% de los votantes, con un margen de solo el 5% sobre su contendor Zuluaga. Lo que escasamente representa el 28% de los ciudadanos con derecho al voto en Colombia.

Muchos colombianos quedamos sorprendidos. Santos había sido derrotado en primera vuelta. El desprestigio de Santos era enorme y sus realizaciones pobres, frente a sus compromisos y necesidades del pueblo Colombiano. Este triunfo aparece como un premio inmerecido y desproporcionado. Este triunfo aparece como el triunfo de una maquinaria política que no ahorro trucos y métodos “non sanctus” para mover su electorado en Bogotá y la Costa Atlántica especialmente. Votantes que fueron a las urnas llevados por caciques políticos, promesas electoreras, presiones y compra de votos y no por ideas o por convicciones democráticas. 

El Presidente Santos ganó rodeado de una serie de grupos y grupitos políticos de tendencias diversas que lo apoyaron con el propósito de que se continúen unos diálogos de Paz iniciados hace 18 meses con el grupo  terrorista de la Farc,  grupo que ha estado delinquiendo por 50 años en las selvas Colombianas.

La Farc es una guerrilla que nació como una protesta al establecimiento después de las guerras civiles partidistas, que luego se convirtió en un grupo de orientación comunista en la época de los 60  y que con la caída de la Unión Soviética  se convirtió en un cartel del narcotráfico. Grupo que ha desangrado al país usando el terror, el uso de minas antipersonales y cilindros bombas contra la población civil, el reclutamiento de menores y el abuso sexual de niñas campesinas que reclutan para ese fin. Grupo calificado de organización terrorista por todos los países civilizados del mundo. Grupo debilitado por las acciones de las fuerzas armadas, especialmente por la determinación del gobierno anterior del Presidente Uribe y que en la actualidad no representa un real peligro para la estabilidad democrática del país y su desarrollo.

Pero  Colombia está cansada de la violencia. Y este fue el argumento que uso Santos para aglutinar fuerzas disímiles y lograr su reelección. Lo logro sin un programa coherente, con disparidad ideológica con las corrientes que lo respaldaron. Ahora tendrá que compensarlas repartiendo y compartiendo el poder como una colcha de retazos, con grupos de ideologías tan extremas como la derecha del grupo político Cambio Radical, del cual su líder Vargas es parte de la formula como Vicepresidente y la extrema izquierda de Córdoba, Petro y Cepeda, pertenecientes a otros grupos políticos minoritarios.

Este triunfo electoral se le debe al discurso de lograr la desmovilización y la paz con los grupos ilegales a toda costa. La Farc y el ELN deben estar dichosos. Doblegaron al Presidente y a la institucionalidad el país no a través de las armas sino a través de los votos, lograron que se le diera al Presidente la orden de negociar con ellos.

La orden que los votantes le dieron a Santos implica que el país quedó arrodillado, que el manejo de las conversaciones quedaron en manos de las Farc, organización que no tiene compromiso con nadie, solo con sus intereses personales. Sera la Farc la que le ponga el ritmo a las negociaciones, se ganaron otros 4 años, no tienen ningún afán, solo les interesa conseguir gabelas personales y beneficios políticos para sus militantes.  Al Presidente lo estará midiendo la opinión pública todos los días, en todas las sesiones de negociación. Será mirado por toda la comunidad internacional, lo presionará Cuba y Venezuela, los supuestos garantes. La presión lo llevara a aceptar lo inaceptable para una democracia que se respete.

El candidato Zuluaga del centro democrático logró el 45% de los votos. Logro un caudal extraordinario para un líder desconocido por la mayoría de los colombianos hace 6 meses. Estableció una alianza coherente con el partido conservador y su líder Marta Lucia Ramírez. Presento un programa de amplio sentido social conservando las tesis ideológicas del Presidente Uribe de seguridad y confianza a la inversión. El 45% de la votación, cerca de 7 millones de colombianos votamos por unas tesis sólidas y por convicción.

El candidato Zuluaga mantuvo la opinión de que la búsqueda de la paz implicaba unas condiciones mínimas que mantuvieran la autoridad y respeto por la sociedad civil. Las teorías de Zuluaga en la búsqueda de la paz no implicaban un sometimiento del estado a una negociación a cualquier precio, muy diferente a la sumisión y a la entrega  como quedo implícito en el discurso de Santos.

Pobre Colombia. Quedamos en el peor de los mundos. Un Presidente con un triunfo amargo sin un respaldo político coherente y obligado a una negociación; unas Farc engrandecidas por las circunstancias y la miopía de la dirigencia de la Unidad Nacional que ha respaldado al Presidente Santos; y una izquierda envalentonada que le estará cobrando al Presidente con creces su apoyo en la segunda vuelta.

Nos consuela que quedamos con una oposición acrecentada, aparentemente derrotada, que le tocara mostrarle al país nuevas opciones y que tendrá un papel importantísimo cuando las negociaciones de la Habana, si es que concluyen, sean sometidas a la aprobación del pueblo colombiano. Somos un 45% de los votantes que miraremos con lupa lo que se acuerde con las Farc y si esto no es conveniente para la institucionalidad del país, seguramente no se ratificara en las urnas.

Ese fue el mandato que les dimos a Z y a su equipo cerca de 7 millones de colombianos. Zuluaga, Uribe y todo el Centro Democrático, tendrán la responsabilidad como fuerza de oposición,  liderar una campaña para que la sociedad civil exija una desmovilización que conlleve a una paz con justicia, sin impunidad y con reparación.

Jorge H Pineda
Medellín, Junio 16-2014


Friday, September 7, 2012

UNA BOFETADA A LA DEMOCRACIA COLOMBIANA.

Con motivo de los diálogos de paz con la guerrilla de las FARC que el Presidente Santos anunció esta semana, el ex presidente Uribe declaró que esto constituye una bofetada para la democracia Colombiana.

A lo mejor el  Presidente Uribe tiene la razón.  No es fácil aceptar los diálogos de paz con un grupo que no ha mostrado intenciones de dejar el terrorismo, el narcotráfico, el secuestro, el abuso de menores usándolos en la guerra, las minas antipersonales y en general la lucha armada inhumana y salvaje. 

Y sorprende el hecho de que el Presidente Santos haya dicho, reiteradamente, hasta hace muy poco tiempo, que solo hablaría de paz cuando la guerrilla diera señales y mostrara hechos indicativos de querer la reconciliación. Hasta ahora lo único que la FARC ha mostrado es, daños a la infraestructura eléctrica, caos en el Cauca, violencia y más violencia terrorista.

También sorprende el calculo de tiempo que hace el Presidente para la campaña de su reelección. Por eso afirma que será un proceso de meses, no de años, tiempo preciso para fortalecer su aspiración a ser reelecto  y de paso le  ayuda a su “mejor amigo”, amigo de la FARC, pero tremendamente dañino para Colombia, el comandante Chávez, que también necesita del pantallazo de la paz para su reelección.

Sin embargo el sueño de vivir en paz es tan grande y sagrado para los Colombianos, después de 50 años de luchas,  que todo lo anterior se deja de lado, se soslaya y decididamente la nación respalda la decisión del Presidente de iniciar negociaciones con la insurgencia y le augura el mayor de los éxitos.

¡Todos le estamos apostando a la Paz!

Quizás los únicos que se apartan de este propósito, equivocadamente según mi concepto, es el Uribismo. Seguramente por miedo de perder su principal bandera política, la seguridad democrática. El Presidente Uribe conoce que una “democracia fuerte” no negocia con los terroristas sino que los somete. Desafortunadamente Colombia no es una democracia fuerte y  faltan décadas para serlo.

Por eso el Presidente Uribe dice que se esta abofeteando la democracia Colombiana, democracia que ha sido abofeteada muchas veces a lo largo de su larga historia republicana.

Fue una bofetada a la democracia el establecimiento del Frente Nacional a finales de los 50 y en la década de los 60. Los partidos políticos se alternaron en el poder limitando gravemente la participación de otros. Bofetada que se justificó en la medida que se atemperó y eventualmente se eliminó la violencia partidista y se logró ahuyentar el fantasma del regreso de otra dictadura militar.

Posteriormente y ante la aguda crisis institucional que el país sufrió al final de la década de los 80 por motivo del narcotráfico y del fenómeno de la extradición, se estableció una constituyente para elaborar la constitución del 91. Esta fue una bofetada mayor en cuanto se violó la constitución vigente en ese entonces, para poder convocar la elección de una constituyente. Aún hoy en día hay dirigentes políticos y constitucionalistas que consideran que la constitución del 91 es espúrea en su origen. Pero aun así nadie niega que con ella Colombia entró a la modernidad y al respeto de los derechos humanos y ciudadanos. 

Y la última perla en este gobierno, el fracaso de la reforma de la justicia. Reforma que se logro por la presión del ejecutivo en el semestre anterior, negociando gabelas con las otras ramas del poder público, que a la postre y después de muchos tropiezos, pasó como acto constitucional. Y como no salió bien, llena de vacíos y despropósitos jurídicos,  el mismo ejecutivo la tuvo que tumbar antes de su promulgación, violando las normas constitucionales. Esta bofetada tuvo tintes de mini golpe a la rama legislativa del estado.

Los casos anteriores y muchos otros, demuestran que la clase dirigente Colombiana no tiene empacho en abofetear la democracia tantas veces como sea necesario para lograr, lo que en un momento dado; el ejecutivo, los medios y la opinión consideren “los máximos intereses del estado”.

Los fines “altruistas” han justificado las bofetadas a la democracia; esto suena Maquiavélico, pero a la postre ha resultado.

Todo esto nos demuestra que en nuestro medio la democracia es una utopía de largo alcance. En alguna forma la democracia ideal es a la sociedad, como la felicidad plena es al individuo. Siempre se busca pero nunca se alcanza.

Ojalá al menos alcancemos la paz.


Jorge Pineda B
Medellín, Septiembre 6, 2012

Monday, April 16, 2012

DEL REALISMO DE URIBE AL SURREALISMO DE SANTOS


En una reciente entrevista del Presidente Santos dejo entrever que él considera que el ex presidente Uribe es el pasado y que en alguna forma sus opiniones no reflejan las actuales condiciones en que se encuentra Colombia.

El solo hecho de ser ex presidente significa que su periodo de gobierno termino y que su gestión pertenece al pasado. Y es también cierto que el estilo de gobierno del actual mandatario de los Colombianos  es más espectacular, creando con ello la percepción de modernidad y apertura internacional muy diferente al estilo que uso el  Presidente Uribe, de perfil más modesto, dándole prioridad a los asuntos domésticos y en especial a la seguridad. La percepción es que el estilo Santos respira futuro y el estilo Uribe representa el pasado.

La pregunta que nos tenemos que hacer los Colombianos es; ¿Cuál es la realidad  Colombiana?   ¿Esta el país preparado para un estilo de gobierno fastuoso, mediático y de proyección continental? O aun necesitamos un líder que este  al frente de la tropa, enterado de los detalles de la administración publica, enfrentando personalmente los problemas generados por el invierno y enfocado en los temas de seguridad.

Viendo el cubrimiento que los medios le han dado a las nuevas leyes que este gobierno ha impulsado en el Congreso de la Republica y la forma como ha confrontado la relación diplomática con los vecinos, el excesivo fortalecimiento del peso y el show de la cumbre continental, piensa uno a ratos, que se encuentra en otro país. La restitución de tierras, la reparación a las victimas, el fortalecimiento de las relaciones con los gobiernos que aun apoyan  la insurgencia, la relevancia internacional lograda por el Presidente Santos, (carátula de la revista Time), lo hace a uno creer que ya salimos del conflicto y que  estamos consolidando un proceso de paz y convivencia, que la seguridad esta garantizada y que Colombia se ha convertido en un gran líder regional.

¡Muchas veces la percepción supera la realidad! 
¿Será esta una situación surrealista?
¿Estaremos viviendo un periodo de una “patria surrealista”?

No hay la menor duda, y en eso están de acuerdo hasta los contradictores del Presidente Uribe, que la Colombia de hoy, (polo de atracción de la inversión extrajera, entre otras cosas),  se la debemos a la gestión de su gobierno por ocho años. Pero la Colombia de hoy aun no ha logrado consolidar el ideario político de Uribe, representado en “seguridad, confianza inversionista y equidad social”.  Aun falta mucho camino por recorrer.

Con solo presenciar día a día los desafueros de la guerrilla y el aumento de la sensación de inseguridad en los campos y en  las principales ciudades colombianas y la pobre infraestructura golpeada aun mas por el exceso de lluvias, uno no deja de pensar que algo no esta caminado bien. Además de ello y quizás  más dramático es el comportamiento de la Justicia y sus fallos, ante el accionar del ejercito, dejando a sus miembros desprotegidos y amedrentados.

La inversión extranjera en la minería y en especial en la explotación petrolera ha sido seriamente amenazada en los últimos meses  y los sindicatos petroleros están regresando a las practicas anteriores. El éxito del Ecopetrol de hoy nos hace olvidar los desafueros sindicales del Ecopetrol de ayer.

La pobrísima infraestructura en vías y puertos y los índices de desigualdad y de pobreza aun colocan a Colombia en una condición muy precaria en el contexto internacional. Colombia aun no puede cantar victoria. Es probable que el estilo de Uribe sea cosa del pasado, pero su ideario, político, económico y social  aun esta vigente y el gobierno actual no puede aflojar.

El presidente Santos es experto en jugar al póquer y eso le esta dando réditos internacionales y mediáticos. El presidente Uribe es experto en montar a caballo, es un gran jinete y bien sabe que el freno no se puede aflojar mientras se esta en la faena, y la faena aun no ha terminado!