El Domingo 15 de
Junio a las 5 de la tarde la registraduría de Colombia estableció que el
Presidente Santos ganó la reelección a la Presidencia de Colombia por otros 4
años por un poco más del 50% de los votantes, con un margen de solo el 5% sobre
su contendor Zuluaga. Lo que escasamente representa el 28% de los ciudadanos
con derecho al voto en Colombia.
Muchos colombianos
quedamos sorprendidos. Santos había sido derrotado en primera vuelta. El
desprestigio de Santos era enorme y sus realizaciones pobres, frente a sus
compromisos y necesidades del pueblo Colombiano. Este triunfo aparece como un
premio inmerecido y desproporcionado. Este triunfo aparece como el triunfo de
una maquinaria política que no ahorro trucos y métodos “non sanctus” para mover
su electorado en Bogotá y la Costa Atlántica especialmente. Votantes que fueron
a las urnas llevados por caciques políticos, promesas electoreras, presiones y
compra de votos y no por ideas o por convicciones democráticas.
El Presidente Santos
ganó rodeado de una serie de grupos y grupitos políticos de tendencias diversas
que lo apoyaron con el propósito de que se continúen unos diálogos de Paz
iniciados hace 18 meses con el grupo terrorista de la Farc, grupo que ha estado delinquiendo por 50 años
en las selvas Colombianas.
La Farc es una
guerrilla que nació como una protesta al establecimiento después de las guerras
civiles partidistas, que luego se convirtió en un grupo de orientación
comunista en la época de los 60 y que con
la caída de la Unión Soviética se
convirtió en un cartel del narcotráfico. Grupo que ha desangrado al país usando
el terror, el uso de minas antipersonales y cilindros bombas contra la
población civil, el reclutamiento de menores y el abuso sexual de niñas
campesinas que reclutan para ese fin. Grupo calificado de organización
terrorista por todos los países civilizados del mundo. Grupo debilitado por las
acciones de las fuerzas armadas, especialmente por la determinación del
gobierno anterior del Presidente Uribe y que en la actualidad no representa un
real peligro para la estabilidad democrática del país y su desarrollo.
Pero Colombia está cansada de la violencia. Y este
fue el argumento que uso Santos para aglutinar fuerzas disímiles y lograr su
reelección. Lo logro sin un programa coherente, con disparidad ideológica con
las corrientes que lo respaldaron. Ahora tendrá que compensarlas repartiendo y
compartiendo el poder como una colcha de retazos, con grupos de ideologías tan
extremas como la derecha del grupo político Cambio Radical, del cual su líder
Vargas es parte de la formula como Vicepresidente y la extrema izquierda de
Córdoba, Petro y Cepeda, pertenecientes a otros grupos políticos minoritarios.
Este triunfo
electoral se le debe al discurso de lograr la desmovilización y la paz con los
grupos ilegales a toda costa. La Farc y el ELN deben estar dichosos. Doblegaron
al Presidente y a la institucionalidad el país no a través de las armas sino a
través de los votos, lograron que se le diera al Presidente la orden de negociar
con ellos.
La orden que los votantes
le dieron a Santos implica que el país quedó arrodillado, que el manejo de las
conversaciones quedaron en manos de las Farc, organización que no tiene
compromiso con nadie, solo con sus intereses personales. Sera la Farc la que le
ponga el ritmo a las negociaciones, se ganaron otros 4 años, no tienen ningún
afán, solo les interesa conseguir gabelas personales y beneficios políticos
para sus militantes. Al Presidente lo estará
midiendo la opinión pública todos los días, en todas las sesiones de
negociación. Será mirado por toda la comunidad internacional, lo presionará
Cuba y Venezuela, los supuestos garantes. La presión lo llevara a aceptar lo
inaceptable para una democracia que se respete.
El candidato Zuluaga
del centro democrático logró el 45% de los votos. Logro un caudal
extraordinario para un líder desconocido por la mayoría de los colombianos hace
6 meses. Estableció una alianza coherente con el partido conservador y su líder
Marta Lucia Ramírez. Presento un
programa de amplio sentido social conservando las tesis ideológicas del
Presidente Uribe de seguridad y confianza a la inversión. El 45% de la
votación, cerca de 7 millones de colombianos votamos por unas tesis sólidas y
por convicción.
El candidato Zuluaga
mantuvo la opinión de que la búsqueda de la paz implicaba unas condiciones
mínimas que mantuvieran la autoridad y respeto por la sociedad civil. Las teorías
de Zuluaga en la búsqueda de la paz no implicaban un sometimiento del estado a
una negociación a cualquier precio, muy diferente a la sumisión y a la entrega como quedo implícito en el discurso de Santos.
Pobre Colombia.
Quedamos en el peor de los mundos. Un Presidente con un triunfo amargo sin un
respaldo político coherente y obligado a una negociación; unas Farc
engrandecidas por las circunstancias y la miopía de la dirigencia de la Unidad
Nacional que ha respaldado al Presidente Santos; y una izquierda envalentonada
que le estará cobrando al Presidente con creces su apoyo en la segunda vuelta.
Nos consuela que
quedamos con una oposición acrecentada, aparentemente derrotada, que le tocara
mostrarle al país nuevas opciones y que tendrá un papel importantísimo cuando las
negociaciones de la Habana, si es que concluyen, sean sometidas a la aprobación
del pueblo colombiano. Somos un 45% de los votantes que miraremos con lupa lo
que se acuerde con las Farc y si esto no es conveniente para la
institucionalidad del país, seguramente no se ratificara en las urnas.
Ese fue el mandato que
les dimos a Z y a su equipo cerca de 7 millones de colombianos. Zuluaga, Uribe
y todo el Centro Democrático, tendrán la responsabilidad como fuerza de
oposición, liderar una campaña para que
la sociedad civil exija una desmovilización que conlleve a una paz con justicia,
sin impunidad y con reparación.
Jorge H Pineda
Medellín, Junio
16-2014
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