A lo mejor el Presidente Uribe
tiene la razón. No es fácil aceptar los
diálogos de paz con un grupo que no ha mostrado intenciones de dejar el
terrorismo, el narcotráfico, el secuestro, el abuso de menores usándolos en la
guerra, las minas antipersonales y en general la lucha armada inhumana y
salvaje.
Y sorprende el hecho de que el Presidente Santos haya dicho,
reiteradamente, hasta hace muy poco tiempo, que solo hablaría de paz cuando la
guerrilla diera señales y mostrara hechos indicativos de querer la reconciliación.
Hasta ahora lo único que la FARC ha mostrado es, daños a la infraestructura
eléctrica, caos en el Cauca, violencia y más violencia terrorista.
También sorprende el calculo de tiempo que hace el Presidente para la
campaña de su reelección. Por eso afirma que será un proceso de meses, no de
años, tiempo preciso para fortalecer su aspiración a ser reelecto y de paso le ayuda a su “mejor amigo”, amigo de la FARC, pero tremendamente
dañino para Colombia, el comandante Chávez, que también necesita del pantallazo
de la paz para su reelección.
Sin embargo el sueño de vivir en paz es tan grande y sagrado para los
Colombianos, después de 50 años de luchas,
que todo lo anterior se deja de lado, se soslaya y decididamente la
nación respalda la decisión del Presidente de iniciar negociaciones con la
insurgencia y le augura el mayor de los éxitos.
¡Todos le estamos apostando a la Paz!
Quizás los únicos que se apartan de este propósito, equivocadamente
según mi concepto, es el Uribismo. Seguramente por miedo de perder su principal
bandera política, la seguridad democrática. El Presidente Uribe conoce que una
“democracia fuerte” no negocia con los terroristas sino que los somete.
Desafortunadamente Colombia no es una democracia fuerte y faltan décadas para serlo.
Por eso el Presidente Uribe dice que se esta abofeteando la democracia
Colombiana, democracia que ha sido abofeteada muchas veces a lo largo de su
larga historia republicana.
Fue una bofetada a la democracia el establecimiento del Frente Nacional
a finales de los 50 y en la década de los 60. Los partidos políticos se
alternaron en el poder limitando gravemente la participación de otros. Bofetada
que se justificó en la medida que se atemperó y eventualmente se eliminó la
violencia partidista y se logró ahuyentar el fantasma del regreso de otra
dictadura militar.
Posteriormente y ante la aguda crisis institucional que el país sufrió
al final de la década de los 80 por motivo del narcotráfico y del fenómeno de
la extradición, se estableció una constituyente para elaborar la constitución
del 91. Esta fue una bofetada mayor en cuanto se violó la constitución vigente
en ese entonces, para poder convocar la elección de una constituyente. Aún hoy
en día hay dirigentes políticos y constitucionalistas que consideran que la
constitución del 91 es espúrea en su origen. Pero aun así nadie niega que
con ella Colombia entró a la modernidad y al respeto de los derechos humanos y
ciudadanos.
Y la última perla en este gobierno, el fracaso de la reforma de la
justicia. Reforma que se logro por la presión del ejecutivo en el semestre
anterior, negociando gabelas con las otras ramas del poder público, que a la
postre y después de muchos tropiezos, pasó como acto constitucional. Y como no
salió bien, llena de vacíos y despropósitos jurídicos, el mismo ejecutivo la tuvo que tumbar antes
de su promulgación, violando las normas constitucionales. Esta bofetada tuvo
tintes de mini golpe a la rama legislativa del estado.
Los casos anteriores y muchos otros, demuestran que la clase dirigente
Colombiana no tiene empacho en abofetear la democracia tantas veces como sea
necesario para lograr, lo que en un momento dado; el ejecutivo, los medios y la
opinión consideren “los máximos intereses del estado”.
Los fines “altruistas” han justificado las bofetadas a la democracia;
esto suena Maquiavélico, pero a la postre ha resultado.
Todo esto nos demuestra que en nuestro medio la democracia es una utopía
de largo alcance. En alguna forma la democracia ideal es a la sociedad, como la
felicidad plena es al individuo. Siempre se busca pero nunca se alcanza.
Ojalá al menos alcancemos la paz.
Jorge Pineda B
Medellín, Septiembre 6, 2012
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