Desmovilización sin una
verdadera paz cercana.
Originalmente el pragmatismo fue una corriente filosófica
que nació en los E.E.U.U. a finales del siglo 19 con gran influencia en el pensamiento
del siglo 20. Algunos autores la conocen como “The American School” y sus
mayores exponentes fueron Charles Peirce y William James. El vocablo "pragmatismo" viene del griego “pragma” que significa hecho o acto. En el fondo
lo que sostiene es que para poder juzgar la verdad de una doctrina moral o
social, se deben considerar sus efectos prácticos. En otras palabras, las ideas
o principios se valoran por la utilidad y por la practicidad de los mismos.
En las discusiones
públicas que se han hecho sobre el proceso, llamado de la Habana, donde
negocian el gobierno colombiano y la cúpula de la guerrilla de la FARC, se ha
dicho, por parte de algunos dirigentes políticos de los partidos que acompañan
el gobierno, que para lograr acuerdos hay que ser “realistas” y “prácticos”. Es
ceder principios morales, de justicia, “tragar sapos”, para lograr que los
alzados en armas abandonen la lucha armada.
Se ha dicho que la paz es un valor
superior y que para lograrla se pueden sacrificar otros conceptos morales y de justicia y
no solo perdonar a los infractores, sino además facilitarles su trabajo político.
En alguna forma es la aplicación de conceptos pragmáticos para conformar una
sociedad sin la violencia guerrillera que hemos soportado por años. Es un
poco aplicar el principio maquiavélico de que el fin del conflicto armado
justifica sacrificar los principios de justicia, verdad y reparación.
Es cierto que en otras
épocas en Colombia y en otras partes del mundo se ha logrado la reincorporación
de rebeldes a la vida civil, haciendo caso omiso de normas y leyes vigentes y
perdonando actos contra la población y contra el estado, claramente ilegales. Y
en alguna forma este es un método que se ha validado en el mundo para lograr este fin. Se ha dicho además que
esta es la única vía para desmovilizar y empezar un proceso de reinserción, verdad y reparación,
estadios necesarios para el verdadero logro de una paz estable.
Sin embargo muchos otros
creemos que también se puede lograr el mismo propósito con el uso legítimo de
las armas por parte del estado, de un estado democrático, de manera que se
logre una rendición o se minimice la influencia de las acciones armadas
ilegales y a la postre se elimine la violencia política.
Es un hecho
irreversible que el camino escogido por este gobierno, es el método del diálogo y la negociación, y de lo que se trata ahora, es evaluar hasta donde la
sociedad colombiana está dispuesta a ceder y entregar en justicia, perdón y
reparación, para lograr la desmovilización.
Por lo que hemos visto
y se ha traslucido de la Habana, la guerrilla en forma prepotente y descarada,
se declara víctima del estado y reivindica su violencia como un método
válido para defender a los menos favorecidos y superar las injusticias que en
Colombia se han cometido contra las clases más populares. Se siente libertadora, dueña de la verdad y no demuestra ningún grado de
arrepentimiento por los males que le ha causado al país y a millones de sus
ciudadanos, tanto en forma particular como colectiva.
A los de la Farc les parece moral y
justo utilizar menores en su guerra, abusar de niñas y jóvenes sexualmente,
poner minas antipersonales afectando a miles de campesinos inocentes, destruir
con cilindros bomba a comunidades enteras, usar el narcotráfico para financiar
sus acciones asesinas, secuestrar y
muchas otras actividades, la mayoría de ellas calificadas de delitos de lesa humanidad
por las cortes internacionales.
Es claro que no hay
arrepentimiento, no hay intención de reconocer la verdad y no tienen intención
de reparar las víctimas.Es evidente que no se
sienten culpables. Se sienten víctimas del estado y redentores de los más
necesitados. Y solo aceptaran su interpretación de los hechos como la verdad
del conflicto.
¿Con estas
circunstancias es posible lograr una paz estable para Colombia?
Es muy probable que el
proceso de la Habana desemboque en una desmovilización y una eventual
reintegración de los miembros de la guerrilla a la sociedad. Eso es lo que
busca el proceso actual. Se negocian 5 puntos básicos y ya se ha avanzado en
algunos de ellos aunque quedan temas sensibles por definir.
En cuanto a temas
tan críticos como el castigo, seguramente el gobierno cederá con una justicia transicional laxa, y probablemente sin cárcel. En cuanto a la compensación de sus
víctimas, lo más probable es que se cree un fondo para ello con dineros del
fisco, ayudas internacionales y algunos bienes de la guerrilla que se logren
incautar, pero sin incluir el grueso de
sus patrimonios mal habidos. Además la guerrilla conseguirá muchos otros beneficios de tipo social y político
que el gobierno les cederá.
El gobierno, los
partidos políticos de la unidad nacional
y el Fiscal presumen que lo que gana el país por la desmovilización de
las Farc es más importante que el daño que se le hace a la justicia y a las
instituciones. Y justifica además, las gabelas y beneficios políticos que
obtendrá la Farc con esta negociación.
Lograda la
desmovilización y suponiendo que el país acepta pagar su costo, se entrará a un
proceso complejo de perdón, reparación de víctimas y resocialización de los
combatientes, y el establecimiento de la verdad; estadios indispensables para
llegar a una paz estable y duradera.
Expuesto la anterior; creo
que en el gobierno de Santos se lograra la desmovilización; pero no la paz.
Con el grupo
guerrillero de la Farc nunca se lograra la paz. Para alcanzarla es
indispensable el perdón. Pero en este caso el perdón no es posible, pues no hay
arrepentimiento. La iglesia Católica nos ha enseñado,
como lo define en el sacramento de la confesión, que sin arrepentimiento o
contrición no hay perdón. Las Farc nunca tendrán, ni demostraran verdadero
arrepentimiento. Solo reconocerán algunos errores. Por esto las víctimas nunca
perdonarán. Algunas de ellas, por presión de la izquierda o del gobierno, o por intereses políticos, participando en shows mediáticos, dirán que “perdonan” a sus victimarios, pero será solo de dientes para afuera.
La sociedad Colombiana
no perdonará a quienes le hicieron daño y no lo reconocen, y que además se creen benefactores
y víctimas y se muestran cínicos frente a los hechos violentos que cometieron por
50 años.
No tendremos verdad. En el mejor de los casos reconocerán
errores en su actuar armado, o se escudarán en su subalternos, arguyendo que
los crímenes más atroces fueron cometidos por ellos sin su consentimiento.
Tratarán de que la historia se olvide de sus atrocidades negándolas y señalando
a la derecha de distorsionar el pasado.
Habrá impunidad. No
queda duda que ante las declaraciones del Fiscal y de muchos otros de los
dirigentes del gobierno y de sus aliados políticos, la justicia transicional
la utilizarán como fachada para dejar colar a los máximos jefes de la Farc y así exonerarlos de pagar las penas que le deben a la sociedad colombiana por los
delitos de lesa humanidad que han cometido.
La reparación de las
víctimas no se dará a satisfacción. Puede que el estado lleve a cabo algunos
programas económicos que alivien a algún sector de las víctimas, pero en forma marginal. Pero las víctimas somos todos los colombianos. El atraso económico a
que nos sometieron, el daño ecológico que han causado, el dolor que hemos
sufrido con las masacres, los abusos, los secuestros. Esto nunca se reparará.
Además no entregarán su dinero mal habido para la reparación económica de las
víctimas. Dirán que no tienen y el gobierno mirará para otro lado, pues sabe
que ese es un gran aliciente para la desmovilización. Que los jefes
guerrilleros puedan conservar sus fortunas en el exterior producto del
secuestro, extorsión y narcotráfico.
Solo tendremos
reintegración en forma parcial. Algunos jefes guerrilleros se quedarán en Cuba
o Venezuela con sus grandes capitales, algunos otros vendrán a hacer política
en Colombia, con posibilidad de que atenten
contra ellos, por el odio que mucha gente afectada les mantendrá. De la tropa
guerrillera algunos se integrarán con los programas del gobierno, con
educación y posibilidades de empleo, y otros entrarán a las bandas de la delincuencia
común.
¿Y el presidente Santos?
Seguramente pasará a la historia como un abanderado de la paz, que logró la
desmovilización de un grupo ilegal de más de 50 años de accionar guerrillero,
por medio de la negociación y no por el uso legítimo de la fuerza. Nadie se
acordará del precio que tuvo que pagar la sociedad Colombiana. ¡Y a lo mejor
premio Nobel de Paz!
Pero solo, las nuevas
generaciones, que lograrán sanar las heridas con el tiempo y el olvido, y con gobiernos
que vigoricen la justicia, la
institucionalidad y la democracia, que fortalezcan la seguridad, que
ejerzan el legítimo uso de las armas contra los ilegales, que generen
desarrollo con equidad, con más oportunidades y educación para todos, podrán
aspirar a una paz duradera entre los colombianos.
Y esto solo el tiempo lo
dirá.
Jorge Pineda
Febrero 2015
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