Friday, December 14, 2018


IVÁN DUQUE.  LA NUEVA APUESTA DE COLOMBIA.


Ya han pasado 120 días del nuevo gobierno de Iván Duque. Los resultados de las encuestas no son buenos. La mayoría de los encuestados lo rajan.

¿Qué significa este rechazo a su estilo de gobierno?

Colombia, en su historia republicana, ha tenido muchos gobiernos mediocres. La mayoría de los presidentes, especialmente en las últimas décadas, se han tenido que comprometer con los jefes y castas políticas para lograr alguna gobernabilidad. Ese contubernio entre jefes políticos y mandatarios ha sido uno de los factores principales que ha alimentado la altísima corrupción que vive el país.

El ciudadano común y la opinión publica representada en sus periodistas y medios de comunicación, se acostumbró a estilos de gobierno mañosos, marrulleros, ladinos, mentirosos, autoritarios, y corruptos. Lo normal para el común de los colombianos es ver una figura presidencial apoyada por la clase política tradicional y los principales medios de comunicación, utilizando toda clase de argucias y trucos para lograr sus propósitos y programas de gobierno.

Si solamente recordamos gobiernos como los de Turbay, Gaviria, Samper, Pastrana, del siglo pasado, cuatrienios donde se cometieron toda clase de arbitrariedades y actos de corrupción, entendemos el concepto de autoridad y democracia que perciben los colombianos nacidos y educados en esa época.

También, a principios de este siglo, tuvimos un gobierno autoritario por 8 años. El de Alvaro Uribe. No hay duda de que lo necesitábamos y por eso aun tenemos esperanza de país.  Pero nos dejó acostumbrados a un líder carismático, que no tenía contradictores y que fue capaz, precisamente por ese apoyo popular, de doblegar a una guerrilla crecida y fortalecida con los dineros del narcotráfico.

Y posteriormente, tuvimos 8 años de un gobierno mentiroso, el de Santos, que se compró al congreso con dadivas y “mermelada” y que fue respaldado por la mayoría de la clase política por el hecho de llevar a cabo a toda costa un acuerdo de paz con las Farc. Gobierno autoritario que defraudó y engaño al pueblo, al desconocer en forma truculenta, su voluntad en las votaciones del plebiscito por la paz.

Por eso digo, que el ciudadano común se acostumbró a gobiernos, o autoritarios, o mentirosos, o marrulleros, o corruptos. Y lo peor es que los congresistas, la prensa y los comentaristas de opinión también se acostumbraron a eso, entre otras cosas porque les servía a sus intereses particulares. Es clarísimo el comportamiento de la prensa y medios de comunicación en el gobierno anterior. Su incondicionalidad con el gobierno de Santos, una vez que les repartió el alto botín de la propaganda oficial.

El estilo de Iván Duque es distinto a los anteriores.

Es joven, no esta contaminado por las políticas de partidos tradicionales. Su partido es el más nuevo, con figuras jóvenes en su mayoría y ajeno a los tejemanejes de la política tradicional. El Centro Democrático puede ser criticado por ser un partido de ideas mas tradicionales y de centro derecha y liderado por el expresidente Uribe, pero no puede ser criticado ni por politiquería, ni por corrupción. Su paso por el congreso como senador por el Centro Democrático lo forjo como un político demócrata, decente y responsable.

Iván Duque cree en el sistema Democrático, con mayúscula, de verdad, no de papel como su antecesor. Cree y practica profundamente una verdadera separación de poderes. Su compromiso de no comprar al congreso con dadivas y mermelada, lo ha cumplido a cabalidad. Así sea que sus proyectos se hundan. Más temprano que tarde serán aprobados, bajo un nuevo estilo de gobierno, bajo el proceso de educar a los parlamentarios, para que cumplan su oficio de legislar buscando por consenso o por mayorías las mejores leyes para el país. Sin más compromiso que su deber de cumplir con sus obligaciones de legisladores.

Nombró ministros y otros altos dignatarios del estado sin el concurso de los políticos tradicionales. Sin Gaviria, sin Vargas, sin Pastrana, sin Uribe, en una palabra, sin expresidentes ni excandidatos. Eso le ha dolido mucho a la clase política, aun dentro de su mismo partido, que le han reclamado por su total independencia y su decisión de gobernar para todos los colombianos sin alimentar la polarización y la división.

Notorio el cambio a las prácticas tradicionales. La forma como nombro a su equipo de gobierno, abriéndole las puertas a los mejores y a la mujer colombiana. Qué decir del respeto institucional a las fuerzas armadas en el relevo de su cúpula militar.  

Y los creadores de opinión, los periodistas, los informadores, algunos de los cuales, se comportan como poseedores de la verdad, también han perdido relevancia. Sus noticieros y programas de opinión se alimentan de la polarización y de la exageración, derecha o izquierda, paz o guerra. En un gobierno como el de Duque este tipo de dilemas no existe y quien lo usa como herramienta para su prestigio personal pierde protagonismo, no encuentra eco en el ejecutivo. Esta clase de mañas periodísticas tan arraigadas en Colombia pierden fuerza y actualidad.

Y las redes sociales. Alimentadas y manipuladas por una oposición insensata y por la izquierda o centro izquierda derrotada en las pasadas elecciones, que no quiere reconocer las cualidades demócratas del presidente y que trata de oponerse o de ridiculizar cualquiera de sus iniciativas. Mucho daño se ha causado por este medio a su imagen y liderazgo.

El presidente Duque y sus ministros, en todos sus actos de gobierno, solo apelan a lo que sea mejor para el país, respetando profundamente la separación de poderes. No alimentan la controversia dañina, el odio, el insulto. Alimentan el dialogo, el debate democrático en el congreso, el debate y el dialogo con los ciudadanos en encuentros directos. Han respetado a la oposición y han oído sus argumentos. Es un gobierno que busca restituir la verdadera democracia en Colombia.

La opinión publica colombiana aún no entiende a un verdadero demócrata. Lo ve débil, lo ve sin liderazgo y lo ve sin rumbo. La costumbre era ver a un presidente dominando los poderes públicos con gabelas, corrupción y mermelada.

Los periodistas más connotados le piden cambiar el rumbo, le piden liderazgo. ¡Que equivocados están! Colombia no tiene un mejor rumbo que el que le ha marcado el Presidente Duque, el de rescatar los principios democráticos y enseñarles a las clases políticas que el poder se ejerce para el bienestar del país y de sus gentes y no para robar y perpetuar las castas políticas.

Veremos a un presidente crecido y apoyado por sus ciudadanos al paso del tiempo en la medida que las gentes del común vean y entiendan la profundidad del cambio que esta llevando a cabo con su estilo de gobierno.

 

Jorge Pineda

Medellín, 12/14/2018

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