Thursday, November 1, 2007

EL MAL MENOR

EL MAL MENOR OPCION DEL ALCALDE ELECTO DE BOGOTA.

En la ultima semana de campaña para la elección del alcalde de Bogota el candidato Moreno ante una pregunta del entrevistador acepto la posibilidad de hacer una compra de votos si ello contribuyese a evitar que la ciudad quedara en manos de un alcalde corrupto y de mala reputación. Moreno acepto esa posibilidad con franqueza, sin pensarlo dos veces y todo indica que su respuesta fue espontánea, producto no de una equivocación, ni de una ligereza, sino de su propia convicción de que un mal menor se justifica para evitar un mal mayor.

Esta respuesta trajo una gran controversia en Colombia y puso a intelectuales, periodistas, académicos y por supuesto a políticos a dar sus opiniones sobre el asunto moral del mal menor y su aplicación en casos de la vida publica.

Aceptar la utilización del mal menor, saltándose las normas y reglas definidos por la sociedad para el control de los procesos constitucionales y la aplicación de la justicia, es supremamente grave y puede llevar a situaciones impredecibles con hondas repercusiones en toda la sociedad. El ejemplo de ello se vio recientemente en Colombia con el fenómeno de los paramilitares.

En efecto, el para-militarismo nació en Colombia con la justificación de que era un mal menor apoyar a los grupos armados ilegales que defenderían a la sociedad de los grupos guerrilleros que eran considerados el mal mayor. Cuando a finales de la década de los 80 y principios de la década de los 90 aparecieron los primeros grupos de auto defensa, con el propósito de defender a la sociedad en general contra el embate de la guerrilla, el común de las personas en Colombia sintió que ese fenómeno, aunque ilegal, pudiera haber sido la forma de combatir la guerrilla y por eso algunos dieron su apoyo económico y otros su apoyo moral con su silencio y aceptación. En el fondo se veía esto como un mal menor para atajar que la guerrilla comunista se tomara el poder en Colombia. De esto no se escaparon ni los políticos, ni los empresarios, ni la iglesia y menos el ciudadano común. Todos en alguna forma veían una luz de esperanza en el accionar de esos grupos y sus principales cabecillas se convirtieron en ídolos y lideres regionales.

Esta historia reciente entonces nos demuestra que ante los principios morales de justicia y orden no se puede ceder en una rígida aplicación de las normas legales y constitucionales con el argumento del mal menor. Hacerlo es abrir una puerta para los excesos y una justificación para violar la ley.

Jorge H Pineda
Miami
11-01-07

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